24.11.10

"Cabaret" (Bob Fosse, 1972)

Con motivo del décimo aniversario de un conocido centro comercial salmantino, las multisalas de dicho lugar han tenido a bien montar un ciclo de peliculones dando así la oportunidad a los que quisiéramos de admirar estas películas en pantalla grande, la oportunidad perfecta para disfrutar de, para mi, una película increíble: "Cabaret"

"Estáis como yo, perdidos en Berlín..."
Maximilian von Heune. Cabaret.

Prostitutas, borrachos, mutilados de guerra, mendigos, desempleados, corrupción, todo ello formaba parte de la realidad social en la que se vio sumida la República de Weimar de la Alemania derrotada tras la Primera Guerra Mundial.

El gran crecimiento de la inflación y la posterior caída de la bolsa de Nueva York propiciaron ese ambiente opresivo y enrarecido.

Los artistas del momento se dedicaban a plasmar eso que veían a su alrededor, quizá con el fin de denunciar esos abusos que los poderosos se permitían llevar a cabo pero también con el fin de testimoniar una realidad que hasta entonces no había aparecido tan fuertemente reflejada en el arte de ninguna época.

El problema es que en estos casos la denuncia social acaba destruyendo la obra artística y la convierte en un mero instrumento panfletario, en un arma arrojadiza que si bien no tiene nada que ver con lo que comúnmente se conoce como "bello" o "artístico", si que sirve claramente como protesta ante la grave situación que se vive.

Entre el caos y la depravación conviven estos seres, personas humanas que se ven obligadas a vivir el día a día sin saber que será de ellos al día siguiente, esta forma de ver la vida queda perfectamente plasmada en la película Cabaret, donde

nos encontramos una serie de personajes, de distintas clases sociales que interactúan entre ellos pero que a la hora de la verdad cada uno se mueve según sus propios intereses, así comprobamos como en el momento en que las cosas se ponen realmente feas, mientras la República de Weimar da sus últimos coletazos, Maximiliam von Heune (aristócrata adinerado y bisexual interpretado por Helmut Griem) desaparece de escena con la barata disculpa escrita en una nota: “(…) asuntos familiares me obligan a salir para la Argentina inmediatamente…”.

Sea como fuere, el Kit Kat Club (ese Cabaret al que se refiere el titulo de la película), donde como bien proclama el Maestro de Ceremonias (Joel Grey), la vida es hermosa, las chicas son hermosas, ¡¡hasta la orquesta es hermosa!!, se convierte en una especie de refugio para toda la sociedad berlinesa. Buena cuenta de ello da el encontrarnos entre el público del espectáculo a la periodista Sylvia von Harden tal y como Otto Dix la representó en el retrato que sobre ella realizó en 1926.

En este caso, al contrario que los pintores de finales del s. XIX que pintaban interiores de diferentes locales del alterne como por ejemplo Toulouse Lautrec y su serie de obras sobre el Moulin Rouge, pintores como Otto Dix y George Grosz no plasman

la vida divertida y alocada de estos lugares sino que salen de ellos a la calle para mostrar el mundo real, el mundo al que la mayoría teme enfrentarse.

Juegan con la doble moral de esa sociedad y con su lado más oscuro, representando

mutilados de guerra mendigando que son ignorados y prácticamente pisoteados por las clases pudientes, o señores aristócratas y militares recurriendo a los servicios de prostitutas urbanas, pobres mujeres que quizá antes de la guerra hubieran sido madres de familia e incluso mujeres trabajadoras con un sueldo remunerado pero que por necesidad se ven obligadas a ejercer el mal llamado oficio más antiguo del mundo.

No pretenden dignificar a sus retratados sino que se sirven de ellos como denuncia social, en concreto Dix llega a caricaturizar a sus modelos convirtiendo sus rostros en máscaras sociales.

Todo esto ocurre en la ciudad, en la Metrópolis representada por Grosz en 1917 como una gran jungla humana, un caos completo que atrapa a todos los que habitan en ella, donde

el nazismo va sumando adeptos, lo bueno y hermoso se torna en violento y agresivo. Esta conversión la podemos observar en la terrorífica escena de Cabaret en la que un joven con cara angelical comienza cantando una hermosa canción que acaba convirtiéndose en un agresivo himno de exaltación nazi.

Donde realmente podemos observar de mejor forma la sordidez de la sociedad alemana de la época es en la que se convirtió en la obra más monumental de Dix, Tríptico de la Gran Ciudad, 1927-28.

Describe de forma magistral la sociedad urbana del periodo de postguerra.

Es una obra en la que predomina la exhibición pública del cuerpo femenino, mostrado completamente como si fuera un simple producto de consumo.

El panel central, ambientado en el interior de un salón se nos muestra el lujo, la ostentosidad, el derroche de la clase adinerada, el placer como principio absoluto, no en vano de esa misma forma aparecen caracterizados el Maestro de Ceremonias y Sally Bowles (Liza Minelli) en el número musical “Money, Money”.

A la derecha, en un entorno de formas arquitectónicas barrocas, encontramos una procesión de prostitutas de lujo, intentan imitar a las mujeres del panel central y se visten como tales, desfilan por delante de un mutilado al que ignoran completamente y que a propósito Dix quiso camuflar entre el ornamento de la ciudad como dándonos a entender que forma parte de ella y no es un agente externo de la misma.

Ya en el panel izquierdo tenemos la representación de los bajos fondos, la decadencia más absoluta. La acción trascurre debajo de un puente, las prostitutas visten con harapos intentando llevar con dignidad su condición de colectivo rechazado por el resto de la sociedad, cobra mayor protagonismo la figura del tullido como posible consumidor de los servicios de las señoritas a las que observa. Es una visión totalmente impersonal del cuerpo femenino.

La muerte y la autodestrucción es algo que esta muy presente en la sociedad, eso es algo que se puede vislumbrar en el caos representado por Grosz en su Metrópolis.

Pero sobretodo podemos ser conscientes de la concepción de la vida y la muerte en la sociedad de aquel momento, en la que se convirtió en canción emblema de Cabaret, la cual recibe el mismo título que la película. I

nterpretada magníficamente por Liza Minelli y convirtiéndose además en el último número musical de la película, su segunda estrofa (traducida) reza lo siguiente:

“Tenía una amiga llamada Elsie

con quien compartí piso en Chelsea.

No era precisamente una santa.

De hecho se alquilaba por horas.

Cuando murió los vecinos se burlaron.

Este es el resultado de tantas pastillas y tanto alcohol.

Pero cuando la vi amortajada como una reina…

Era el cadáver más alegre que había visto jamás.

Hoy sigo pensando en Elsie.

Recuerdo cuando se giraba y decía:

¿De qué te sirve quedarte sola en tu cuarto?

Ven a oir la música en directo.

La vida es un cabaret, amiga.

Ven al Cabaret.

(…)

Reconoce que…

de la cuna a la tumba…

no hay una distancia tan larga.”

Es toda una declaración de intenciones, la vida esta para vivirla como se quiera o pueda ya que la muerte será el final de todas formas.

Proliferaron los llamados crímenes sexuales cometidos contra prostitutas, los cuales estaban a la orden del día.

Otto Dix, Asesinato por placer.

Para una parte de la sociedad este tipo de crímenes eran vistos como un acto de limpieza de la ciudad, quitando de en medio esos residuos humanos que la infectaban.

Sería esta una visión un tanto nazi de la situación pero ciertamente no debemos olvidar que la sociedad alemana se dirigió poco a poco hacía esa determinación…

Del mismo modo pasamos del magnífico número musical anteriormente mencionado, al silencio más absoluto que inunda los créditos finales de la cinta de Bob Fosse, mientras conseguimos atisbar claramente una esvástica nazi en la superficie deformada.

Claramente algo esta apunto de suceder, algo que tambaleará esa sociedad ya de por sí decadente y denigrada.


¡Vaya! Creo que me olvidé comentaros que a parte de cinéfilo soy historiador del Arte!! pero no preocuparse que si queréis una "crítica" más simple sobre únicamente la película aquí la tenéis, escrita también por mi hace unos dos años cuando vi
Cabaret por primera vez.

Permitidme que finalice esta eterna reseña añadiendo (y citándome a mi mismo como comprobaréis si es que os animáis a leer la otra crítica anteriormente enlazada)

algo que creo que resume bastante bien mi percepción sobre la película:

"

Esta película no nos cuenta una historia de amor, ni trata sobre un cabaret, ni mucho menos es un canto a la vida. Si ves Cabaret y sólo eres capaz de pensar eso es que tienes un serio problema..."

2 comentarios:

Sr Nocivo dijo...

¡Pero que entrada tan completa! Has sabido mostrar que "Cabaret" es una película mucho más compleja de lo que parece en un primer momento y no un simple musical. Siempre he pensado que es el film que mejor retrata como y porque el régimen nazi nació y tuvo tanta aceptación.

Chébere dijo...

¡¡Impresionado me hayo ante esta entrada!!
Cabaret no es una película, es La Película. Me encanta. En especial me gusta (no sé por qué) la escena que nombras en la que cantan el himno nazi.
Hace mucho que no la veo entera y después de leerte no sé si podré resistirme mucho más. Pero me echa para atrás saber escribir una entrada que haga honor a la película. Tú, desde luego, has sabido estar a la altura de ella.
Repito, impresionado me hayo!!